El gòtic Català

Desde sus inicios, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha desarrollado un importante e innegable papel como promotor de exposiciones temporales en España, un medio de comunicación cultural que hoy nos resulta tan familiar como cotidiano. En su corta historia se cuentan todo tipo de exposiciones: grandes producciones internacionales, pequeñas muestras de contexto, exposiciones biográficas o retrospectivas, colectivas, temáticas... Así, a día de hoy se han superado con creces las doscientas exposiciones temporales, considerando únicamente en este cómputo las realizadas por el Museo en sus varias sedes (edificio de Sabatini, ampliación de Nouvel y palacios de Velázquez y de Cristal en el Parque del Retiro). Al margen de ellas están las numerosas exposiciones que sirven para presentar las obras de su colección fuera de sus puertas, en España y por todo el mundo, y que competen al Departamento de Colección Permanente. Sin embargo, aquí sólo nos ocuparemos de la gestión de las que se realizan o reciben en el propio Museo, cuya materialización corre a cargo del Servicio de Gestión de Exposiciones, dependiente del Departamento de Exposiciones Temporales.

Desde 1988, esta gestión se ha visto favorecida al convertirse el MNCARS en un organismo autónomo dependiente del Ministerio de Cultura. Este estatus facilita en gran manera la organización de sus muchas actividades, si bien no exime al Museo de atenerse, estrictamente, a la normativa vigente para todos los organismos pertenecientes a la Administración del Estado. En lo que respecta a las exposiciones temporales, dicha gestión consiste, básicamente, en la contratación de los responsables o creadores del proyecto, la organización del transporte especializado de las obras, la instalación y montaje expositivo en las salas del Museo, el aseguramiento de las obras cedidas (bien mediante una póliza comercial de las llamadas "clavo a clavo", bien mediante la obtención de la garantía del Estado español sobre obras de arte expuestas en museos de titularidad estatal) y el seguimiento de cuantas otras incidencias o necesidades pudieran surgir en el complejo y delicado proceso de creación de una exposición temporal. También atañe a la gestión el seguimiento de los convenios de colaboración formalizados con las instituciones de carácter público o privado interesadas en la recepción, en régimen de itinerancia o de coproducción, de una exposición del MNCARS, así como de cualquier otro tipo de convenio de colaboración.

En definitiva, cada una de las exposiciones realizadas conlleva una gestión administrativa y económica similar, pero nunca idéntica, en la que participan numerosos profesionales, a menudo externos al Museo y contratados a tal efecto. Esta dependencia externa, si bien tiene grandes ventajas para la institución, puesto que da vitalidad y agilidad a las labores y, sin duda, enriquece con nuevos aportes el resultado final, obstaculiza a menudo la actuación de los órganos gestores, tanto del Museo como de la Administración en general. Ocurre esto cuando no se respetan los proyectos originales, lo que atañe en especial al transporte de obras de arte, que es, con mucho, el capítulo más caro, lento y complicado de todo el proceso. El control por parte del Museo en este tema es esencial, si bien, salvo contadas excepciones, las desviaciones con respecto al proyecto inicial son claramente imputables a sus creadores intelectuales, que no han previsto todas las contingencias posibles en el mismo.

Puede decirse que, desde la perspectiva de la gestión, la preparación de una exposición temporal presenta una casuística tan amplia como interesante en la que, sin duda, la labor del comisario es esencial e imprescindible, y la del coordinador y otros colaboradores del proyecto, muy flexible, especialmente en lo que respecta a sus fases iniciales y creativas. Ahora bien, esta labor culmina cuando la responsabilidad pasa a manos del gestor. A partir de este momento, se deberá evitar cualquier cambio sobre el proyecto previsto, pues el incumplimiento estricto de los plazos administrativos y de las previsiones económicas suele resultar fatal para la buena marcha del mismo. Sabido es, además, que estas variaciones e imprevistos acaban por afectar negativamente al resto de la institución museística (colección permanente, registro, restauración, seguridad, mantenimiento...), lo que reviste mayor gravedad si la institución tiene, como en el caso que nos ocupa, vocación y obligación de servicio público.

Mónica Ruiz Bremón
Conservadora
Jefe de Servicio de Gestión de Exposiciones
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía